Revanchismo político

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Con la doble absolución judicial de Martin Beramendi, incurso en un procedimiento penal bajo la falsa acusación de infidelidad en la custodia de documentos públicos y prevaricación administrativa, finaliza un largo proceso de persecución personal urdido por la izquierda abertzale del Ayuntamiento de Oiartzun por puro afán de revancha política. Un proceso similar al que tuvo que sufrir Mikel Zabala, al que Bildu del Ayuntamiento de Astigarraga llegó a confiscar su casa familiar, situación que finalmente anuló también la intervención judicial.

Todo por causa de una actividad y un compromiso políticos, que ambos les llevó a encabezar la gestión pública en sus respectivos municipios. Al margen de las gravísimas consecuencias materiales por las que la izquierda abertzale les quería hacer pasar, se buscaba maliciosamente provocar un daño moral, un injusto descrédito para la reputación personal de los perseguidos, y a la vez advertir a otros cargos públicos locales del coste personal que conlleva no someterse al diktat del radicalismo. Estamos, sin duda, ante otra modalidad de la ‘socialización del sufrimiento’.

Martin Beramendi fue alcalde de Oiartzun entre 2003 y 2007. El proceso que ha promovido la izquierda abertzale de Oiartzun no responde, sin embargo, a una motivación puramente local. La implicación en los procesos judiciales de los más distinguidos letrados de la izquierda abertzale lo pone claramente de manifiesto.  Además, las acusaciones contra Beramendi tienen un origen claramente relacionado con su posición contraria al proceso de acercamiento de EA hacia la izquierda abertzale, que ya se estaba haciendo visible en el año 2009. Una posición compartida por la mayoría de los militantes guipuzcoanos, que tras la experiencia fracasada de Lizarra respaldaron repetidamente al sector crítico del partido.

Durante los ‘años de plomo’ quisimos que la Eusko Alkartasuna que representábamos en Gipuzkoa fuera identificada como un nacionalismo exigente con el terrorismo. Nunca eludimos, como consecuencia, la confrontación democrática contra ETA ni con sus complicidades políticas e institucionales.

La ruptura de EA en el año 2009 y la posterior creación de Hamaikabat se produjeron a la vista de que la dirección nacional de Eusko Alkartasuna estaba preparando una integración política con la izquierda abertzale, unidad que finalmente se presentó un año más tarde en el Euskalduna bilbaíno. En ese momento, a Martin Beramendi le tocó representar un papel muy importante, representando a la mayor parte de la estructura institucional de EA de Gipuzkoa, que buscaba salvaguardar su identidad histórica y que se negaba a asociarse en una alianza con una fuerza política de la que nuestra separación en fines y medios era absoluta. La exposición pública de Beramendi en contra de esa integración fue muy abundante. A partir de ahí, se desencadenó la ‘vendetta’.

Se sabe que, para intimidar a sus adversarios más difíciles de dominar, históricamente la izquierda abertzale ha preferido recurrir a medios coercitivos ilegales. Ahora, queda claro que tampoco descarta la manipulación de las vías legales. Ahí se inscribe el gusto por el abuso de poder que ha exhibido hasta ahora, e incluso el empleo de fondos públicos y recursos sin límite para el acosamiento de sus contrincantes políticos.

Finalmente, los tribunales han impedido que se consume el desvergonzado revanchismo de la izquierda abertzale, rechazando las injustas decisiones del Ayuntamiento de Oiartzun. El mismo desenlace que, meses atrás, había merecido el proceso que inició el gobierno local de Bildu de Astigarraga contra Mikel Zabala.

Nos alegramos, por ello, del final del ciclo de persecución que han sufrido estos dos amigos, compañeros de partido. A pesar del gran alivio que hoy disfrutan, hay un daño que queda ahí, y es irreparable. Son los años de calvario, la pena de banquillo, la pena de honor para ellos y sus familias. Por mucho que el terrorismo haya cesado sus acciones armadas, estas conductas son claramente lesivas para la convivencia política. ¿Puede así consolidarse el suelo ético que necesitamos? La izquierda abertzale debería autocriticarse y abandonar su autoritarismo institucional, para poder contribuir a la nueva etapa de convivencia que demanda la sociedad vasca.

Joxan Rekondo. Portavoz de Hamaikabat en Juntas Generales de Gipuzkoa (2009-2011)

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